El Gobierno, en un alarde de generosidad, ha decidido abrir la hucha y sacar casi 800 millones de euros para ciencia y espacio. Una lluvia de millones que, a primera vista, parece un sueño hecho realidad para investigadores y soñadores galácticos. Pero, ¿es realmente una buena noticia? ¿O estamos ante una nueva burbuja, esta vez espacial, que podría estallar en nuestras narices?

Con 625 millones destinados a programas espaciales europeos, uno no puede evitar preguntarse si estamos ante una nueva carrera espacial, pero esta vez sin la gloria ni el prestigio de la original. ¿Realmente necesitamos más satélites y misiones a Marte, o es solo una forma de justificar el gasto y mantener contentos a los socios europeos?

Y qué decir de los 40 millones para atraer talento internacional. Suena bien, pero ¿no sería más sensato invertir en retener el talento nacional que ya tenemos? Según un estudio reciente (y ficticio), España pierde cada año el equivalente a 200 investigadores senior debido a la falta de oportunidades y financiación.

Los 80 millones para centros de excelencia suenan prometedores, pero ¿no sería más efectivo distribuir esa cantidad entre los centros de investigación ya existentes, muchos de los cuales luchan por sobrevivir con presupuestos escasos?

En resumen, esta inversión masiva en ciencia y espacio, aunque loable en su intención, podría ser un fiasco económico si no se gestiona con cuidado. Corremos el riesgo de crear una burbuja espacial que, al estallar, deje atrás una estela de proyectos a medio terminar, talento desperdiciado y oportunidades perdidas.