octubre 09, 2026
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¡Alerta! El envejecimiento, la próxima crisis que Jaume Segalés no quiere que veas.

¡Alerta!, sí, pero quizá no por las razones que Jaume Segalés imagina. Convertir el envejecimiento en una especie de “crisis silenciosa” suena, en principio, a buena noticia: vivimos más, mejor, y con más suplementos naturales que estanterías en la farmacia. Sin embargo, detrás de esta celebración biológica se esconde una sombra que nadie quiere mirar demasiado de cerca, no vaya a ser que descubramos que el futuro no es un spa sino una sala de espera infinita.

Porque si algo demuestra la historia reciente es que cada avance trae su factura. Según un estudio del ficticio Instituto Europeo de Demografía Aplicada, en 2035 habrá en España más octogenarios que menores de 25 años, una pirámide poblacional tan invertida que parece diseñada por un humorista gráfico. Y no es que los mayores sean un problema —faltaría más—, pero sí lo es un país que envejece sin preguntarse qué hará cuando la mitad de su población necesite cuidados y la otra mitad esté demasiado ocupada intentando pagarlos.

La buena noticia de vivir más se convierte así en la mala noticia de vivir más *sin saber cómo*. Más años implican más gasto sanitario, más dependencia, más soledad, más debates parlamentarios sobre pensiones que se alargan tanto como las propias pensiones. Y mientras Segalés y compañía nos tranquilizan con cápsulas, tónicos y promesas de juventud sostenible, nadie parece dispuesto a admitir que el verdadero reto no es retrasar el envejecimiento, sino gestionar sus consecuencias.

Quizá la crisis no sea que envejecemos, sino que seguimos actuando como si no fuera a ocurrir. Y eso, por desgracia, no hay suplemento que lo cure.