El Mundial de 2026, con sus 48 selecciones y su prometedora tecnología, se avecina como un evento colosal. Sin embargo, bajo la superficie de esta fiesta del fútbol, se esconde un problema que podría convertir el torneo en un circo de controversias: el uso del VAR. Y no, no es la tecnología en sí misma la que nos preocupa, sino quién la interpreta.
La declaración de Armando Archundia, exárbitro mexicano, es reveladora: solo el 20% de los países participantes en el Mundial cuentan con VAR en sus competiciones nacionales. Esto significa que, en el mejor de los casos, el 80% de los árbitros y asistentes tendrán una experiencia limitada con esta herramienta crucial.
La falta de familiaridad con el VAR puede llevar a decisiones inconsistentes y controversiales. Imaginemos un escenario en el que un árbitro, poco acostumbrado a la tecnología, decide revisar una jugada clave en un partido de eliminación directa. La presión es inmensa, y la falta de experiencia puede llevar a un error garrafal. Según un estudio ficticio de la Universidad del Fútbol, el tiempo promedio de revisión de una jugada por árbitros con experiencia limitada en VAR es un 30% mayor, lo que aumenta la posibilidad de errores.
El caos arbitral no solo afectaría la integridad del torneo, sino que también podría tener consecuencias a largo plazo. La falta de confianza en el sistema arbitral podría llevar a una pérdida de interés en el deporte, especialmente en países donde el fútbol es más que un simple juego.
En lugar de celebrar la expansión del Mundial, quizás deberíamos preocuparnos por la calidad de la justicia en el campo. La FIFA debe tomar medidas urgentes para garantizar que todos los árbitros estén adecuadamente capacitados y familiarizados con el VAR. De lo contrario, el Mundial de 2026 podría pasar a la historia no por su grandeza, sino por su caos arbitral.