Ubisoft ha vuelto a hacerlo. Como ese tío que regala calcetines en Navidad porque "nunca fallan", la compañía francesa ha desempolvado *Assassin's Creed Black Flag* y lo ha envuelto en papel de regalo moderno. "Mira, ahora con gráficos que no te harán sangrar los ojos", parecen decir. Pero, ¿es esto realmente una buena noticia?

Que el carismático Edward Kenway siga intacto es, sin duda, un alivio. Nadie quiere ver a un pirata con crisis existencialista por un *remake* mal ejecutado. Sin embargo, este regreso triunfal huele a estrategia desesperada. Según un estudio ficticio de la Universidad de la Obviedad, el 78% de los jugadores prefieren innovaciones arriesgadas a *remakes* embellecidos. Pero Ubisoft, en su zona de confort, prefiere jugar sobre seguro.

El problema no es que *Resynced* sea malo —que no lo es—, sino que su éxito podría perpetuar una fórmula agotada. Si el público aplaude este "lavado de cara con extras", ¿por qué arriesgarse a crear algo nuevo? La innovación, esa palabra que parece haber desaparecido del diccionario de Ubisoft, podría quedar relegada a un segundo plano. Y mientras tanto, los jugadores, como marineros ebrios, celebraremos cada *remake* como si fuera un tesoro recién descubierto, sin darnos cuenta de que el cofre está cada vez más vacío.

Así que sí, izad las velas y disfrutad de este Caribe remasterizado. Pero no os sorprendáis si, dentro de unos años, Ubisoft sigue vendiéndonos el mismo barco con una capa de pintura nueva. La piratería, al fin y al cabo, nunca muere. La creatividad, en cambio, está en peligro de extinción.