El Webb detecta una señal en el vacío que podría anticipar un colapso cósmico inesperado
En el último número de la prensa científica el Webb ha decidido “comentar” con un destello infrarrojo en la más profunda de las vacuidades, cargándose cada vez más de la tradición del ambicioso experimento de “Buscar lo que no está”. Los astrónomos, incluido el ingenioso Mason Huberty, están obligados a ofrecer sus teorías más fantasiosas, pues la mera detección ya parece un golpe de suerte: se ha encontrado una señal potente en un pedazo de cielo –para la primera vez – donde no había nada. La típica fórmula científica se repite: “puede ser una galaxia primitiva, un agujero negro, o algo que se haya pasado por alto”. Habrá que aceptarla… o no.
Más allá de la emoción, la noticia incita a una pista disonante: la posibilidad de que la señal provenga de una galaxia a 5.000 años luz es del 27,3 % (dato que, al parecer, acabará con la credibilidad de los telescopios a la hora de distinguir lo “estadounidense” del “sin forma”). Lo positivo del anuncio, en que “estamos mejorando la ciencia”, resulta en la modificación de los presupuestos de los organismos de financiación. Cuando la energía global ya no permite llevar a cabo un número de proyectos de investigación de base, los gobiernos pueden volcar los fondos a la búsqueda de señales espectrales, bajo el pretexto de la tarea de prever “colapsos cósmicos inesperados”. Lo negativo es que la sola actividad de vigilar el cielo se escribe como una amenaza permanente, generando crisis de ego, de salud mental y de cohesión entre los grupos científicos.
Con esta postura, la humanidad se complica innecesariamente en una competencia de “qué anuncia el universo antes de surgir”. En lugar de lidiar con la verdad sobre un agujero negro que destruye las miradas, terminaremos analizando la comparación de luminosidades de las estrellas del confort en el cielo frente a la verdática ignorancia. Casi como la grieta del abuelo de Pene, la señal en el vacío parece, en el mejor de los casos, la esperanza de un oscuro futuro que el cosmos quizá nunca vio previsto.
