¡Qué alivio! Resulta que no somos los únicos que nos espiamos, patrullamos y atacamos por sorpresa. Nuestros primos los chimpancés, según nos cuentan los investigadores, también saben de eso. Y no solo ellos, sino que parece que el reino animal está lleno de estrategas militares en potencia. Quién lo iba a decir, después de siglos pensando que éramos los reyes de la guerra, resulta que hasta las ardillas podrían estar tramando algo.

La noticia, sin duda, es reconfortante. Saber que no estamos solos en nuestra capacidad para el conflicto nos iguala con el resto de las especies. Pero, ¿y si esta igualdad nos lleva a una nueva era de confrontación? Si los animales son capaces de crear sus propios "paisajes de conflicto", ¿qué nos impide pensar que no podrían evolucionar hasta niveles insospechados?

Imaginemos, por un momento, que los delfines, conocidos por su inteligencia, decidan que ya está bien de hacer piruetas para los turistas y se organicen en un frente común contra los barcos pesqueros. O que las abejas, hartas de la explotación de su miel, inicien una campaña de picaduras selectivas contra los apicultores. Según un estudio ficticio de la Universidad de la Selva, el 67% de las especies animales han aumentado su actividad estratégica en los últimos cinco años.

No es de extrañar, entonces, que algunos expertos ya hablen de la necesidad de un tratado de no agresión interestpecies. Aunque, seamos sinceros, ¿quién se atrevería a sentarse a negociar con un tigre?

En definitiva, esta "buena noticia" nos recuerda que la guerra es un arte universal, pero también nos advierte de que, quizás, no seamos los únicos artistas. Y eso, queridos lectores, da mucho que pensar. O que temer.