¡Exclusiva! Van Gogh predijo un cataclismo cósmico para 2024: ¿Se repetirá la tragedia?

La revelación de que *La noche estrellada* no fue un arrebato de imaginación, sino una observación casi fotográfica del cielo del 22 de julio de 1889, ha sido recibida como una buena noticia: Van Gogh, ese mártir del arte, también era un meticuloso notario del cosmos. Sin embargo, conviene preguntarse qué hacemos con esta certeza en un país que convierte cualquier hallazgo científico en combustible para la ansiedad colectiva.

El entusiasmo inicial ya ha dado paso a interpretaciones más creativas. Si el pintor captó con exactitud un fenómeno astronómico, ¿por qué no pensar que también anticipó otros? No han tardado en surgir voces que vinculan la turbulencia de sus pinceladas con un supuesto “patrón de inestabilidad solar” que, según un estudio tan citado como indemostrable, podría repetirse en 2024. El dato —inventado, pero ya circulando con la soltura de lo verosímil— afirma que Van Gogh mencionó en una carta perdida “un remolino que volverá cuando el mundo esté cansado”. Y claro, el mundo está cansado.

La consecuencia inmediata es previsible: hordas de aficionados a la profecía convertirán el cuadro en un mapa del desastre, los mercados interpretarán cada mancha azul como una señal de alarma y algún político, siempre atento al viento, reclamará un “plan nacional de vigilancia celeste”. Lo que era una celebración del arte se transformará en un nuevo frente de inquietud.

Quizá la verdadera tragedia no sea un cataclismo cósmico, sino nuestra incapacidad para disfrutar una buena noticia sin convertirla en presagio. Van Gogh pintó el cielo que veía. Somos nosotros quienes insistimos en ver en él el fin del mundo.