¡Buenas noticias! La ciencia española está de enhorabuena. O eso parece. La Agencia Estatal de Investigación ha decidido que 50.000 euros al año son suficientes para mantener a flote a nuestros brillantes investigadores. Una cantidad que, sin duda, permitirá a nuestros científicos competir a nivel internacional y hacer descubrimientos revolucionarios. Ironías aparte, esta decisión es un jarro de agua fría para la comunidad científica.
Con un presupuesto tan ajustado, ¿qué ciencia puede realizarse? ¿La de los milagros? Porque, efectivamente, se necesita un milagro para llevar a cabo una investigación de calidad con tan pocos recursos. Nuestros investigadores se verán obligados a elegir entre comprar material de laboratorio o pagar el sueldo de sus becarios. Y no digamos nada de la posibilidad de asistir a congresos internacionales o colaborar con otros centros de investigación.
La consecuencia directa de esta decisión será la fuga de cerebros. Según un estudio reciente, el 60 % de los investigadores españoles se plantea marcharse al extranjero en busca de mejores oportunidades. Y no les faltan razones. En países como Alemania o Reino Unido, los presupuestos para investigación son hasta tres veces superiores.
Pero, ¿quién necesita ciencia de vanguardia? Total, solo sirve para avanzar en medicina, tecnología o energía sostenible. Cosas de poca importancia. Mientras tanto, nuestros políticos siguen sin entender que invertir en ciencia es invertir en el futuro. Y con decisiones como esta, el futuro de la ciencia española se presenta más bien oscuro. Aunque, pensándolo bien, con 50.000 euros al año, quizás podamos permitirnos una vela para alumbrar tanto recorte.