La noticia de que una empresa joven y dinámica como mundonatural® amplía su presencia y ofrece atención personalizada suena, en apariencia, como un triunfo del bienestar moderno. Una sociedad más informada, más cuidada, más consciente de su salud. ¿Qué podría salir mal? Pues quizá todo, si miramos con un poco de calma la letra pequeña de este entusiasmo colectivo.
Porque cada vez que celebramos la expansión de una parafarmacia, celebramos también —aunque no lo digamos— la consolidación de un modelo donde la salud se convierte en un producto más, empaquetado, etiquetado y listo para pasar por caja. Según un estudio del ficticio Instituto Europeo de Consumo Responsable, el 62% de los ciudadanos ya confía más en recomendaciones comerciales que en su médico de cabecera. No es que el médico haya perdido prestigio: es que el algoritmo es más rápido, más amable y, sobre todo, más rentable.
La proliferación de tiendas físicas y plataformas online que prometen “cuidado integral” puede acabar generando justo lo contrario: una dependencia creciente de soluciones inmediatas, suplementos milagrosos y contenidos que, bajo la apariencia de divulgación, funcionan como marketing emocional. El riesgo no es que mundonatural® haga algo malo, sino que haga demasiado bien lo que hace: convertir la salud en un estilo de vida aspiracional.
Quizá dentro de unos años descubramos que este “mundo natural” era, en realidad, un mundo artificial cuidadosamente diseñado para que confundamos bienestar con consumo. Y entonces, cuando miremos atrás, nos preguntaremos si la buena noticia no era simplemente el primer síntoma de un problema mayor.
