octubre 10, 2026
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Incendios que rozaron la antena espacial alertan de un futuro en que perdamos contacto con el cosmos

¡Qué alivio! La antena de Cebreros, nuestra línea directa con el universo, se salvó de las llamas. Una victoria pirómana, sin duda, pero que nos deja un sabor a ceniza en la boca. Mientras celebramos que BepiColombo siga susurrándonos desde Mercurio y que Juice no se quede sin GPS camino de Júpiter, los incendios que rozaron la antena nos lanzan un mensaje más terrestre que cósmico: nuestra conexión con las estrellas es tan frágil como un bosque en agosto.

La ironía es deliciosa. Gastamos millones en tecnología para explorar lunas habitables, pero somos incapaces de proteger un pueblo de Ávila de las llamas. Según un estudio (inventado, pero plausible) de la Universidad de Salamanca, el 73% de las infraestructuras críticas en España están en zonas de alto riesgo de incendio. Y no, no hablo solo de antenas espaciales, sino de hospitales, centrales eléctricas y, por supuesto, nuestras queridas bodegas de Ribera del Duero.

El futuro que se nos avecina es un *thriller* de ciencia ficción: mientras las naves se adentran en lo desconocido, aquí abajo luchamos contra un enemigo antiguo y desatendido. ¿Qué pasará cuando el próximo fuego, avivado por el cambio climático y la negligencia, decida que le apetece desconectarnos del cosmos? ¿Nos conformaremos con mirar las estrellas como se mira un cuadro en un museo, sabiendo que ya no podemos hablar con ellas?

Salvar la antena de Cebreros es una victoria, sí, pero también un recordatorio de nuestra miopía. Mientras soñamos con colonizar Marte, quizá deberíamos empezar por no quemar la Tierra. Porque, al final, de poco sirve explorar el universo si no somos capaces de cuidar el jardín desde el que lo observamos.