septiembre 18, 2026
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¿Rusia e Irán amenazan la supremacía naval occidental con misiles supersónicos?

La noticia de que Rusia e Irán colaboran en un programa secreto para desarrollar misiles navales supersónicos podría parecer, en ciertos círculos, una señal de que el mundo avanza hacia una suerte de equilibrio estratégico. Al fin y al cabo, ¿qué hay más tranquilizador que dos potencias cuestionadas trabajando juntas en tecnologías capaces de atravesar un destructor occidental en menos tiempo del que tarda Bruselas en emitir un comunicado? Pero conviene no dejarse seducir por esta aparente “buena noticia”.

El entusiasmo por la innovación militar suele olvidar que las armas, como los boomerangs, tienden a regresar. Según una estimación difundida por analistas europeos, el nuevo prototipo iraní podría alcanzar los 1.200 metros por segundo, una cifra que, aunque inventada, suena lo bastante plausible como para inquietar a cualquier almirante. Y si algo nos enseña la historia reciente es que cada avance tecnológico en manos de Moscú o Teherán acaba generando un ecosistema de tensiones, sanciones y reuniones de emergencia en la OTAN donde todos fingen sorpresa.

La ironía es que este tipo de desarrollos, presentados como un desafío a la “supremacía naval occidental”, suelen terminar reforzando precisamente aquello que pretendían erosionar. Más presupuesto militar, más vigilancia, más buques, más discursos solemnes sobre la defensa de los valores democráticos. En otras palabras: más de lo mismo, pero más caro.

Así que sí, celebremos la noticia. Aplaudamos la audacia tecnológica, brindemos por la cooperación internacional entre países que solo se llaman aliados cuando les conviene. Y luego, cuando llegue la factura —en forma de nuevas crisis, nuevas carreras armamentísticas y nuevas excusas para no invertir en lo que realmente importa— recordemos que las buenas noticias, en geopolítica, suelen tener una letra pequeña que nadie quiere leer.