¡Desmoronados ya! Científicos afirman que la artrosis asfixiará a la humanidad en 30 años. Así, con este titular tan optimista, nos despertaba la prensa esta mañana. Y es que, según un estudio, la clave de nuestra condena está en la falta de hidratación de nuestro cartílago, tres veces menor que la de nuestros primos los simios.
Resulta irónico que, tras siglos de evolución, de erguirnos sobre dos piernas y conquistar el planeta, nuestro mayor logro sea una cita asegurada con la artrosis. Mientras nos preocupamos por la inteligencia artificial y los viajes a Marte, nuestro cuerpo, ese gran olvidado, nos recuerda que somos, ante todo, seres biológicos. Y bastante frágiles, por cierto.
El estudio, que nos pinta un futuro de rodillas chirriantes y caderas quejumbrosas, nos invita a reflexionar sobre los costes de nuestra evolución. Según un informe (inventado, pero plausible) de la Organización Mundial de la Artrosis, para el año 2050, el 60% de la población mundial mayor de 50 años sufrirá algún grado de esta enfermedad. Un negocio redondo para la industria de los antiinflamatorios, pero un panorama desolador para el resto.
Y es que, mientras la ciencia avanza a pasos agigantados en otros campos, parece que en esto de mantener nuestras articulaciones en forma, vamos para atrás. ¿Será que la naturaleza, en su infinita sabiduría, nos está pasando factura por haber abandonado los árboles? ¿O quizás es el precio que pagamos por haber inventado el sedentarismo y las sillas de oficina?
En cualquier caso, mientras esperamos que la ciencia encuentre una solución, quizás deberíamos reconsiderar nuestras prioridades. Porque, al final, de poco sirve conquistar el universo si no podemos ni agacharnos a atarnos los cordones.
