octubre 10, 2026
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¿Por qué los jóvenes de 24 años son los nuevos adolescentes?

El hallazgo de que el cerebro humano no termina de madurar hasta los 24 años debería ser celebrado como una victoria científica, pero en España ya estamos afinando el instinto para convertir cualquier buena noticia en una preocupación de largo recorrido. Porque si los jóvenes de 24 son, neurológicamente, adolescentes tardíos, la sociedad entera se prepara para una adolescencia ampliada, casi con prórroga y penaltis.

La primera consecuencia es evidente: la responsabilidad adulta se retrasa. No es difícil imaginar a un futuro Gobierno proponiendo que la mayoría de edad emocional se alcance a los 27, coincidiendo con la edad media en la que, según un estudio del ficticio Instituto Europeo de Conducta Social, el 62% de los jóvenes decide por fin dejar de usar emojis para comunicar sentimientos complejos. Y si la madurez cerebral llega tarde, también lo hará la capacidad de asumir compromisos, desde firmar una hipoteca hasta entender que el alquiler no se paga con “vibes”.

Pero hay un efecto más inquietante: la infantilización cultural. Si aceptamos que los veinteañeros son adolescentes, pronto veremos cómo las empresas adaptan sus estrategias. Series diseñadas para un público de 15 años se alargarán hasta los 30, los parques temáticos abrirán “zonas de reflexión emocional” y los bancos ofrecerán cuentas corrientes con tutoriales animados para explicar qué es un interés compuesto.

La ciencia nos dice que el cerebro madura más tarde. La sociedad, previsiblemente, responderá madurando menos. Y quizá dentro de unos años descubramos que la verdadera noticia no era que el córtex prefrontal tarda en desarrollarse, sino que nosotros tardamos aún más en asumirlo.